domingo, 8 de marzo de 2020

Sigues aquí...

   Hay vacío en casa, hay silencio.
No es que tú fueras ruidoso, pero hay más silencio sin ti. Es un silencio asfixiante.
Hoy habría sido tu cumpleaños. Doce años. El pasado día 25 nos dejaste y no consigo hacerme a la idea, te busco, miro en el suelo donde estaba tu cama, en el sofá donde te ponías al sol y solo hay vacío.
Ese vacío que deja mucho espacio libre. Un espacio que deberías ocupar tú.
   Al final decidiste rendirte y eso que no eras de rendirte nunca. Pero te pudo más el cansancio.
No nos avisan de esto aunque todos lo sabemos. Sabemos que una mascota nos va a acompañar, no va a ser eterna aunque lo sea en nuestros corazones.
Y uno nunca sabe cómo se va a enfrentar a esto.
   Me despertaste porque querías subir a la cama, te toqué el cuello, te acaricié la cabeza, las orejas y te dije que no podías subir, que ya era demasiado alta para ti y después no podrías bajar bien, que debías dormir en la tuya. Te diste la vuelta conformándote y haciéndote una bola, te dormiste en tu colchón.
Después...
Después todo fue rápido, tú, yo...mis manos queriendo hacer algo...ayudándote y ahogando unos gritos para no hacer ruido. Verbalizando un "no" que era un sí. Tú descansando.
Yo con mi edredón tirado en el suelo a tu lado llorando. Cogida a ti, llorándote y hablándote.
¿Me oyes verdad? y una caricia más. Yo sé que tú me oyes. Y contarte la historia de cuando te recogimos mientras las lágrimas me recorrían la cara, la cordura me preguntaba qué estaba haciendo y la mente me convencía de que me oías.
Lloré tanto que me quedé dormida cogida a ti.
Despertar y ver que la escena seguía siendo la misma que dos hora atrás. Yo en mi edredón, tú tapado a mi lado y mi mano cogida a ti y llorando de nuevo, hablándote y acariciándote.
   La llegada de alguien que vino a salvarme de mí. Que también lloraba por ti. Y volver a llorar.


Y el silencio. Ese silencio que se ha instalado aquí y que no lo rompen ni las obras que están haciendo al lado de casa.
   Ya no hay saludos al llegar a casa, ya no sales a recibirme ni yo te cojo de las orejas y te doy "besitines". Ya no te digo que haces gimnasia y eres el más bonito del mundo (mundial).
Aún no me he habituado, es pronto me digo, porque cuando me voy, mi costumbre sigue siendo la de decirte que vuelvo enseguida. Después me doy cuenta de que ya no he de decirlo.
Mi mente me dice que es normal, que tengo que darme tiempo.
   El sofá es grande. Como ya no lo compartimos...
Normalmente te ponías conmigo, bueno, me ponía yo contigo, porque el sofá era tuyo y yo tu invitada. Pero me gustaba. Me gustaba ponerme solapada contigo. Te abrazaba y tú me dejabas, yo te acariciaba y te decía que eras el más guapo de todos.
Después cuando te cansabas y te apartabas volvía a preguntarte porqué eras tan bonito.
Me contestabas con la mirada. A veces con los ojos fijos en los míos, otras obviando mi mirada con gesto altanero.
   Eras lo más y lo sabías.


   De inmediato me fui a la tienda de la esquina y les pedí que me sacasen tus fotos del móvil, fui al bazar y compré unos marcos. Si te pongo en la entrada de casa y en mi habitación será como si no te hubieras ido.
Lo sé, tengo un máster en engaños propios. De manera inconsciente sigo mirando al suelo del cuarto. El hueco que ha dejado la ausencia de tu colchón se me hace extraño. Antes me quejaba de que no tenía espacio para pasar y ahora añoro aquella sábana naranja con dibujos, tu colchón y el almohadón gordo.
La verdad es que tenías casi tantos complementos como yo.
Paso como Pedro por mi casa y tanto espacio parece hasta incomodarme. Apago la luz y me aparto a un lado. Luego me recuerdo que nadie va a subir a la cama en medio de la noche para hacerse un hueco a mi lado y apoyar la cabeza en mis pies.
Cómo te echo de menos...
   Lanzo al aire un, buenas noches. La cordura me falla, pero bueno, tampoco es algo nuevo. Ya se me pasará. O a lo mejor lo adopto como costumbre ahora que no estás.
No he llorado lo suficiente. Intento hacerlo ¿sabes?, pero me cuesta. Este mal sueño convertido en realidad me asfixia, no me deja respirar y sobre todo no me deja llorar-te.
Estoy convencida de que si no lloro aparecerás de la nada.

   
   Te recuerdo cuando te recogimos, tan erguido en unos brazos que te quedaban enormes, sentado observándolo todo. Llegaste a casa como una pequeña bola y de inmediato te hiciste pis. Suspiré agradeciendo que no lo hubieras hecho sobre D...


Te sobraba cama por todas partes, de un día para otro fuiste creciendo, la cama se quedó pequeña. Una noche de tormenta te asustaste y viniste a mi habitación. Yo tampoco podía dormir.
Diste un salto y te subiste a la cama.
Vale, dije, pero solo por esta noche porque hay tormenta y a mí también me da miedo. No volviste a irte. Ni yo te habría dejado.
Cuando me despertaba en mitad de la madrugada oía tu respiración, sonreía y me tapaba la cara tranquilizándome de algún modo.
Tú también te tapabas. Ponías la cabeza debajo de la almohada y yo preguntaba dónde estabas, entonces haciendo un ruido te descubrías. Me daba risa, iba corriendo y te atosigaba con un montón de caricias y besos. Hasta que te cansabas y me lo hacías saber o te ibas y yo te decía, ya sé que soy pesada pero es que eres demasiado guapo.
(Sonrío mientras lo escribo. E dice que el dolor dará paso a bonitos recuerdos. Lo sé, los recuerdos bonitos están ahí, están en cada rincón de casa, de la calle, de la fuente donde te parabas a que te diese agua...el dolor también).
   Las palomas no han dejado de venir desde que te has ido, no sé si te buscan para que las eches o me quieren hacer compañía a mí. Yo no las espanto, dicen que son señal de buenas noticias, me lo dijo Mj.
¿Qué buena noticia puede haber ahora que no estás?. Yo por si acaso les dejo que recorran el balcón como si fuese una pasarela, al fin y al cabo...tampoco me molestan. Me molesta más que no estés tú para echarlas.


Las fotos no te venían muy bien y yo me empeñaba en sacarte en todas. Sobre todo hacia el final, cuando la intuición me apercibía de que el tiempo se nos estaba agotando a los dos. Y yo cada día fotos y más fotos y tú con tu cara de me agotas y tus suspiros. Y yo abrazándote y diciéndote que eras el más bonito de todos los perros...si pudieses haber contestado...


Tu felicidad cuando íbamos al campo y mi ansia por llegar lo antes posible para que no llorases. Después bajabas del coche corriendo y te tumbabas en el césped dejándote caer por etapas, te ponías pancha y hacías ruidos. Como en casa en el sofá, cuando fingía no hacerte caso pero te observaba de reojo. Al no ir a tus insinuaciones te quedabas inmóvil y comenzabas a hacer ruidos hasta que me levantaba, te acariciaba la barriga y te decía cosas que solo yo entendía en un idioma que inventé para ti. Colocabas tu pata en mi brazo y cuando te cansabas ponías distancia entre nosotros.
   Cara bonita, ¿cómo se hace ahora para vivir sin ti después de tanto tiempo, de tantos momentos juntos?, en mis malos días yo me sentaba en el suelo y tú venías a mi lado. En los buenos, me sentaba donde fuese y tú venías a mi lado. Sabías que cuando volvía de la compra cargada hasta los topes, te daba un premio.
Hasta el chico que nos traía la compra a casa te regalaba caricias.


Fuese donde fuese, allí estabas tú. Siempre presente aunque solo fuese un momento, el justo para darme un lametón y marcharte haciendo ver que "habías cumplido".
Los días son raros ahora. Me levanto y mi cuerpo se prepara para ir al paseo, un paseo que no se tiene que dar ya, me lo recuerda mi cabeza.
Ahora puedes desayunar, no has de irte. Pero te sigo buscando por si acaso. Como cuando me termino las tostadas y en el último trocito te busco con los ojos para dártelo...hacías un ruido muy gracioso comiéndote el pan tostado.


   Esto es muy difícil sin ti Pipo. Me dejas un montón de momentos inolvidables, marcas que el paso del tiempo no van a borrar.
Eres, has sido y serás inolvidable. Eres, has sido y serás un "signore".
Fuiste feliz. Y yo también.
Te quise desde el día que te vi, te voy a querer siempre.
08-03-08  25-02-20



R.
07-03-20