domingo, 13 de noviembre de 2016

El dedo enganchado...

   Queridos y queridas...cómo están?
Sí, pongo queridos y queridas para que nadie se ofenda y porque no quiero usar la @, me parece un poco manido.
   Tengo que comunicarles que estoy muy contenta.
Empecé a escribirles desde otro ordenador, uno de la manzanita, pero ahora mi mejor amigo me ha arreglado el ordenador que ustedes ya conocen, mi pequeño vaio color azul noche.
Y tengo una alegría renovada.
Porque yo no quiero tener problemas con ordenadores ajenos y menos propios. Ya saben que la fama me precede, la de divina con pelazo que tiene problemas con la tecnología.
Así que, ahora que ya tengo arreglado mi ordenador, gracias mejor amigo, me quedo con este y nos evitamos problemas.
   Pero cambiemos de tema.
   Se acuerdan que les comenté que estuve mal de la mano?...uy, no se pueden hacer una idea...drama total.
Me levanto un día tan tranquila y encuentro que al cerrar la mano sentía dolor.
Y yo el dolor no lo llevo bien. Que ustedes dirán, ni yo ni nadie. Están en lo cierto, pero yo más.
Y ahí estaba yo aguantando mi dolor como una campeona. Y porque no me gusta quejarme ni ir al médico, pero pasado un tiempo se me hinchó la mano y casi no la podía cerrar.
Y dolía. Dolía mucho.
Pero yo como dice mi amiga E, como lo que somos, como señoras. Y ahí estaba yo aguantando el dolor.
(Que digo yo que un día le voy a tener que explicar que no somos señoras sino señoritas, pero eso ya lo haré).
   Oigan, pero un dolor y una hinchazón...que extendía la mano y parecía Iron Man.
Iron Woman, en este caso.
   Y llegó un momento en el que no podía más ni con mi vida, ni con mi mano, ni con el dolor. Pero como ya saben que no me gusta hacer dramas de lo cotidiano, seguí haciendo vida casi normal...
(Casi normal saben?, como si alguno hiciésemos vida normal).
Y trabajando pasó.
Qué pasó?, ahora se lo cuento.
   Estaba yo una tarde tan tranquila, trabajando, colocando en orden las cosas que las personas se empeñan en desordenar y me di un golpe en el dedo de la mano mala.
Y el dedo se encogió. Se pinzó. No sé lo que pasó. Pero se dobló y no podía extenderlo.
Pero como imaginarán, no se dobló normal. Se dobló de una manera rara. Porque yo soy yo.
Se dobló como una garra, menos la última falange del dedo, que quedó extendida. Y no lo podía extender como ya les he dicho.
Entonces me sobrevino el drama. Bueno, es mentira. Me vino el pánico.
Porque yo quería extender el dedo y el dedo no quería obedecerme. Y entré en pánico total cuando mi jefa llegó y dijo, se te ha roto el dedo!.
Y yo no digo nada, pero cómo iba a romperme el dedo si lo tenía todo encogido?. Además, tampoco podía decirle nada, estaba demasiado ocupada en mi propio pánico empezando a ponerme blanca y mareándome.
Así que me tomé un respiro para sentarme porque estaba al borde del desmayo.
   Y así en pánico estábamos mi jefa y yo, y mi compañera. Y mi dedo.
El único que no estaba en pánico era el mensajero que vino a recoger unos envíos. Y viendo el festival que ahí se había organizado decidió tomar las riendas del asunto e intentar calmarme.
(A día de hoy aún se lo sigo agradeciendo).
Y yo con el dedo debajo del agua...que no sé porqué motivo lo hice, pero ahí estaba. Gritando con mi compañera. Casi pidiendo la epidural.
Y el mensajero alzando la mano y diciendo, tranquila.
(Cómo iba a estar tranquila si mi dedo estaba tomando decisiones propias si contar con el resto del cuerpo?, y si se me quedaba el dedo así para siempre?, y si no podía ponerlo recto nunca más?, y si me cogía así sin el pelo lavado ni nada?. Está claro, el drama me persigue allá donde voy).
Tranquila, seguía él. No pasa nada, no tienes el dedo roto, relaja la mano y se soltará.
(Cómo iba a relajar la mano si me iba a desmayar?).
Y eso hice.
Y el dedo volvió a su sitio.
Pero ahí no acabó la cosa, ese mismo día y días después volvió a engancharse y volver al sitio al instante en que sacudía la mano o me daba un ligero masaje.
   Y claro, pasó lo que tenía que pasar...que tuve que ir al médico.
Al traumatólogo. Y de la seguridad social...
(Síiii, ustedes también pueden reírse, yo ya lo hago).
   Para mí es que ir al médico es como comerse un huevo Kínder, nunca sabes la sorpresa que te va a tocar.
Y como es normal en mí, me tocó una médico que era una crack.
"Eso que te pasa en la mano, me dijo, es porque está inflamada, dijo sin mirarla ni tocarla, así que la próxima vez que vengas, (dos meses después), te infiltro".
Se podrán imaginar mi cara. No, no era cara de asombro, ir al traumatólogo y que me haga un diagnóstico sin tocar la zona afectada no es una sorpresa, era la misma cara que puse cuando en el avión a Roma la azafata no quiso darme una botella de agua o en su defecto un vaso para tomarme una pastilla.
"No va a infiltrarme, le dije muy seria, el dedo se queda enganchado, como si algún músculo se pinzase, le expliqué". Y hablando de usted, porque cuando me pongo seria y voy a un médico tan competente le hablo de usted. Y ella que sí. Que otra opción era ir a la ortopedia y comprar parafina, que se ponía en la mano y me calmaría la inflamación, que eso se calentaba en el microondas y...y que ya me lo explicarían allí.
(Yo iba a nominarla al Oscar, pero como me lo van a dar a mí y estamos en España, a ella que le den un Goya por su actuación).
Y que en la próxima visita, quisiera yo o no, me iba a infiltrar.
Menos mal que estos médicos te dan visitas para dos meses después...y que no me caía la mano...
   Y yo ahí, viviendo en un ay, en un brete, en una discordia, en un vivir sin vivir con mi mano y su apéndice inflamado, sin poder coger mi moto porque no podía cerrarla...
...una moto que se merece circular por la ciudad para embellecerla.
   Han pasado dos meses desde que el dedo se me quedó enganchado. Un día cualquiera, la mano en uno de sus momentos de quedarse enganchada hizo clack y se abrió del todo.
Mi mejor amigo que es médico en sus ratos libres, dice que se me habría hecho una bolsa con líquido como cuando pasa en las rodillas y se rompió.
Aunque a veces me duele y cuando tocas en un determinado punto se nota "algo", creo que nunca llegaremos a saber exactamente qué tengo y cuál fue la razón por la que un día de repente la mano volvió a su relativa normalidad.
Porque mi mejor amigo es como la médico que me quiere infiltrar la semana que viene y como ya le dije, no lo va a hacer, médico en sus ratos libres.
   Cuando vaya al Doctor Sotomayor él me dirá lo que tengo, porque presuntamente es un médico de verdad...una lástima que tenga que ser pagando.




13-11-16
Foto: Aprilia Compay Custom